La virtud (al-birru) aceptada por Al‑lah no consiste solamente en dirigirse hacia el oriente o hacia el occidente o a polemizar al respecto. El verdadero bien está en aquel que cree en Al‑lah como Al-lah Único, en el Día Final, en todos los ángeles, en todos los libros revelados y en todos los profetas sin distinción; en aquel que, a pesar del apego a sus bienes, usa una parte de ellos para ayudar a sus parientes, a los huérfanos, a los necesitados, al extranjero que se encuentra lejos de su hogar y de su familia, y a quienes necesitan una ayuda puntual; aquel que destina parte de su riqueza a liberar esclavos o cautivos, cumple con la oración como lo ordenó Al‑lah y entrega la caridad obligatoria. La virtud está, además, en aquellos que son fieles a los compromisos que asumieron, que son pacientes en la pobreza, en la adversidad y en la enfermedad, y que no huyen cuando se desata el combate. Aquellos que poseen estas cualidades son sinceros con Al‑lah en su fe y en sus obras. Son ellos los piadosos que ejecutan lo que les ordenó Al‑lah y se abstienen de lo que les ha prohibido.