En el principio las personas conformaban una sola comunidad, eran fieles a la guía de común acuerdo y practicaban la religión de su ancestro Adán. Pero luego los demonios los extraviaron y se separaron en dos grupos, creyentes e incrédulos. Al‑lah envió mensajeros con el fin de anunciar la inmensa misericordia que les reserva a aquellos que obedecen a Al‑lah y creen en Él, y para advertir a los incrédulos sobre el castigo severo que les espera. Al‑lah reveló a través de Sus mensajeros libros que contienen la verdad inapelable, para que las personas puedan juzgar entre ellas en sus diferencias y disputas. Discrepan sin justificación sobre la Torá aquellos a quienes les fue entregada su sabiduría y las señales de Al‑lah. Al‑lah, con Su permiso y Su voluntad, permitió a los creyentes distinguir entre la guía y el extravío. Al‑lah guía a quien Él desea hacia un camino recto, sin tortuosidades, y este camino es el de la fe.