Al-lah cumplió su promesa de darles el triunfo sobre sus enemigos en la Batalla de Uhud, en la que ustedes vencían con Su anuencia. Pero luego sus ánimos se debilitaron: comenzaron a discrepar sobre el hecho de guardar sus posiciones o abandonarlas para recoger el botín. Al hacerlo, desobedecieron al Profeta, que les había ordenado permanecer en sus puestos sin importar lo que pasara. Esto sucedió cuando Al-lah les mostró los primeros signos de la victoria sobre sus enemigos. Algunos de ustedes deseaban el botín en este mundo, esos fueron quienes abandonaron sus puestos, mientras que otros deseaban la recompensa del Más Allá y estos fueron los que permanecieron en sus puestos, obedeciendo la orden del Profeta. Al-lah los alejó de ellos y les dio autoridad sobre ustedes para probarlos y distinguir al creyente paciente de aquel que sucumbe y flaquea. Pero Al-lah luego les perdonó su desobediencia: Él es el poseedor de una gracia inmensa hacia los musulmanes, ya que los ha guiado hacia la fe, les ha perdonado sus pecados y los ha recompensado por las desgracias que han sufrido.