Creyentes, cuando terminen la oración, recuerden a Al-lah con el tasbih (diciendo subhana Llahi, es decir, glorificado sea Al-lah), con el tahmid (diciendo ‘al-hamdu li-Llahi, es decir, alabado sea Al-lah) y con el tahlil (diciendo la ‘ilaha ‘illa Llahu, es decir, no existe otra divinidad más que Al‑lah), y hagan esto cualquiera sea la situación: parados, sentados o recostados de lado. Cuando el temor por un ataque enemigo se disipe y se sientan nuevamente seguros, realicen entonces la oración de manera completa respetando sus pilares, sus obligaciones y sus ritos recomendados, según lo que se les ha ordenado. La oración es para los creyentes una obligación a realizar en horarios determinados y no está permitido aplazarla sin una razón válida. Esta regla general se aplica en el lugar de residencia, pero durante un viaje es posible agrupar las oraciones de a dos y abreviarlas.