Cuando Moisés regresó a su pueblo tras haberse reunido con su Señor, se llenó de ira y tristeza al encontrarlos adorando al becerro. Entonces dijo: “¡En qué condición tan baja han caído después de mi partida, que solo conduce a la ruina y a la miseria! ¿Tan cansados estaban de esperar a que se cumplieran las cuarenta noches, que comenzaron a adorar al becerro?” Moisés arrojó las Tablas a causa de su extrema ira y tristeza, y tomó a su hermano Aarón por la cabeza y la barba y lo trajo a rastras, porque él había estado a cargo de ellos y no pudo evitar que adoraran al becerro. Aarón dijo a su hermano Moisés: “¡Hijo de mi madre!, ciertamente el pueblo me consideraba débil, no me respetaba y por poco me mata, así que no me castigues de tal manera que mis enemigos se regocijen, y en tu enojo no me consideres entre las personas que pecaron al adorar a otros en lugar de Al-lah”.