Diles a las mujeres creyentes que eviten dirigir su mirada hacia lo que Al lah ha declarado ilícito para ellas, y que protejan sus partes privadas de la inmoralidad y de exhibirlas. Y que no deben ostentar su belleza a los extraños (no mahram), excepto aquello que es aparente y que no puede ocultarse, como lo es la vestimenta. Deben dejar caer sus velos sobre la parte descubierta de sus vestimentas, asimismo, deben cubrir sus cabellos y cuellos, y no deben exponer su belleza oculta excepto a sus maridos, a sus padres, a sus suegros, a sus hijos, a los hijos de sus esposos, a sus hermanos, a sus sobrinos, a las mujeres discretas ya sean musulmanas o incrédulas, a los esclavos o a los que no tengan deseo sexual, a niños que no sean conscientes del deseo por las mujeres debido a que son pequeños. Tampoco deben oscilar sus pies al caminar con la intención de dar a conocer los adornos que esconden bajo la ropa, como las ajorcas, etc. Creyentes, arrepiéntanse todos ante Al-lah por la mirada indebida, con la esperanza de que logren su objetivo y sean librados de lo que temen.