Le ordené al ser humano ser bondadoso con sus padres, y que debía ser justo con ellos, en su vida así como después de su muerte, en todo lo que no se contradice con la ley sagrada. Y en particular con su madre, que lo cargó y lo dio a luz con dificultad. La duración de su embarazo y la lactancia es de treinta meses. Cuando el ser humano alcanza la madurez mental y física a los cuarenta años, dice: “Mi Señor, inspírame para agradecerte por el favor que me has dado a mí y a mis padres, e inspírame a hacer buenas obras que te agraden y las aceptes de mí. Y corrige a mis hijos. Me he arrepentido de mis pecados, y estoy entre aquellos que se someten a tu obediencia y se rinden a tus mandamientos”.