Recuerden cuando aquellos que no creyeron en Al-lah y en Su Mensajero abrigaron en sus corazones el orgullo de la ignorancia. Una ignorancia que estaba vinculada a los deseos y no a la verdad. Rechazaron altivamente la llegada del Mensajero de Al-lah r a La Meca, el año del tratado de Hudaibiia, porque temían y le culpaban de que él los dominaría y tomaría el control. Por lo tanto, Al-lah envió tranquilidad de Su parte al Mensajero y a los creyentes para que su ira no los llevara a confrontar a los idólatras con las mismas acciones. Al-lah hizo a los creyentes firmes en la declaración de verdad “no hay nada digno de adoración a excepción de Al-lah”, y los mantuvo firmes en cumplir con sus compromisos. Los creyentes eran más dignos de esta declaración que otros, y lo merecían más debido a la bondad en sus corazones que Al-lah conocía. Al-lah es consciente de todo, nada está oculto de él.