Entre estos mensajeros que te hemos mencionado, hemos favorecido a algunos en relación a otros en lo que se refiere a la Revelación, el número de adeptos y el rango. Hay a quienes Al‑lah habló directamente, como Moisés, otros a quienes elevó en rango, como Mujámmad r, quien fue enviado a toda la humanidad, con quien la profecía fue sellada y su pueblo fue favorecido en relación a los otros. Hemos dado a Jesús, hijo de María, milagros claros que prueban su carácter de profeta, como devolver la vida a los muertos y curar a los ciegos y los leprosos. Además, hemos hecho que Gabriel le dé sostén y le dé fuerza para realizar el designio de Al‑lah. Si Al‑lah lo hubiera querido, aquellos que vivieron después de los profetas no se habrían matado los unos a los otros luego de haber recibido los signos claros. Pero se enfrentaron y se dividieron. Algunos creyeron en Al‑lah y otros no creyeron en Él. Si Al‑lah hubiera querido, no hubieran combatido entre ellos, pero Al‑lah hace Su voluntad. Él guía a quien Él desea hacia la fe con Su misericordia y Su gracia, y extravía a quien Él desea con Su justicia y Su sabiduría.