Quienes creen en Al‑lah y siguen a Su Mensajero, no anulen la retribución que merecen por sus caridades y ayudas jactándose frente al beneficiario del favor que le han hecho, ya que así lo perjudican. Aquel que así se comporta se asemeja a la persona que dona de sus riquezas para presumir ante los demás y para que lo elogien. Esta persona se asemeja al incrédulo que no cree en Al‑lah, ni en el Día de la Resurrección, ni en la retribución final. Es como una piedra lisa cubierta de tierra. Cuando una lluvia abundante cae sobre esta piedra, el agua hace desaparecer la tierra y deja al descubierto la superficie lisa de la piedra. Lo mismo ocurre con los ostentosos cuya retribución desaparece y no queda nada ante Al‑lah. Al‑lah no guía a los incrédulos hacia aquello que provoca Su aceptación ni hacia lo que puede serles útil en sus acciones y en sus donaciones.