Mensajero, ¿no conoces el caso de algunos de tus compañeros, quienes pidieron ir al combate por Al-lah? Se les dijo: “Absténganse de combatir; realicen la oración y den caridad.” Esto sucedió antes de que el yihad en defensa fuera declarado obligatorio.
Pero después de la Hégira, cuando el Islam conformó un Estado fuerte en Medina, el combate para defenderse de las agresiones fue declarado obligatorio. Esta obligación resultó terrible para algunos, que comenzaron a temer a otros hombres tanto como temían a Al-lah o más. Estos dijeron: “Señor, ¿por qué nos impones combatir? ¿Por qué no postergarlo un tiempo para que podamos disfrutar de la vida terrenal?” Mensajero, diles: “No importa cuánto dure, el goce de este mundo es insignificante y efímero mientras que el más allá, con sus deleites eternos, es mucho mejor para aquellos que temen a Al-lah.” No descontaremos ninguna de las obras piadosas que hayan realizado, ni siquiera las más pequeñas.