Mensajero, no te dejes abatir por los hipócritas que se empeñan en su incredulidad con el fin de provocarte, aparentando que son creyentes y ocultando su incredulidad. No te dejes abatir tampoco por aquellos judíos que escuchan las mentiras de sus eruditos y las aceptan, imitando a sus jefes, quienes no te honraron porque rechazan tu carácter de profeta, además de modificar las palabras de Al-lah en la Torá según lo que dictan sus pasiones. Dicen a sus discípulos: “Si las palabras de Mujámmad r son compatibles con sus deseos, síganlo, pero si se oponen a ellos, rechácenlo”. Para aquel que Al-lah quiso extraviar no encontrarás, Mensajero, ningún aliado capaz de sacarlo del extravío y guiarlo hacia el camino de la verdad. Los judíos y los hipócritas que poseen estas características son aquellos cuyos corazones Al-lah no ha querido purificar. Merecerán la ignominia y el deshonor en este mundo y en el Más Allá sufrirán un castigo terrible: el suplicio del Fuego.