Cuando los judíos sufrieron sequías y penurias, dijeron: La mano de Al-lah está cerrada ya que no otorga bien ni don alguno; Al-lah nos ha privado de aquello que Él posee. Al contrario, son sus manos las que se abstuvieron de realizar el bien y dar a otros. Estas palabras les valieron la expulsión de la misericordia de Al-lah. Las manos de Al-lah están abiertas y reparten favores y dones. Él asigna como quiere, otorga y quita. Nadie puede evitar que dé ni tampoco forzarlo a que lo haga. Lo que te ha sido revelado, Mensajero, no hace sino agravar la transgresión de los judíos y su rechazo, ya que son carcomidos por la envidia. Hemos introducido la animosidad y el odio entre las facciones judías. Cada vez que ellos preparan soldados y equipamiento para la guerra o conspiran con el fin de fomentar la guerra, Al-lah dispersa sus conciliábulos y debilita sus fuerzas. Se obstinan en sembrar la corrupción sobre la Tierra, de allí su afán en conspirar contra el Islam para eliminarlo. Pero Al-lah no ama a los corruptores.