Cuando Moisés se presentó en el lugar que su Señor le había asignado para reunirse con Él por un total de cuarenta noches, y su Señor le habló para revelarle órdenes y prohibiciones, Moisés deseó ver a su Señor, por lo que pidió verlo. Al-lah respondió: “No me verás en la vida terrenal, porque no podrías soportarlo, pero mira la montaña cuando Me revele a ella, si permanece en su lugar sin ser afectada, entonces Me verás, pero si se desmorona, entonces no Me verás en la vida terrenal”. Después de eso, Al-lah se reveló a la montaña y ésta se convirtió en polvo, y Moisés cayó inconsciente. Cuando recobró el conocimiento, dijo: “Soy testigo de Tu Perfección, Señor, y de que Tú estás libre de cualquier defecto que se Te atribuye; me dirijo a Ti arrepentido por haber pedido verte en este mundo, y Soy el primero de mi pueblo en creer”.