Si Al-lah lo hubiera querido, habría hecho que este hombre se beneficiara a través de estos signos, permitiéndole actuar de acuerdo con la sabiduría, de forma que su rango se elevara en este mundo y en el siguiente. Pero este hombre eligió lo que lo llevó a su fracaso, inclinándose por los deseos de la vida terrenal, y a los cuales prefirió por encima del Más Allá. Su extrema codicia por este mundo se compara con el ejemplo de un perro, que jadea constantemente, ya sea que esté en reposo o si camina. Este es el ejemplo de quienes se extravían al rechazar los signos de Al-lah. Por tanto, cuéntales las historias, Mensajero, para que puedan reflexionar y abandonar su negación de la verdad y su extravío.